miércoles 30 de septiembre de 2009

¿Las comparaciones son siempre odiosas?








Alguien puede esperar un comentario relativo a esa foto “colgada”.
Pero no es mi intención.

Se puede contemplar, ver, imaginar también hace años a aldeanos en algún pueblo…
Una cocina económica testigo de guisos y comentarios en aquella España…

Hoy, aún en este mundo globalizado…

(vete a este enlace y encontrarás la explicación)

http://www.soitu.es/soitu/2009/09/30/actualidad/1254307789_113189.html?id=203a3a9c50378381eed4a7094562152e&tm=1254514043

lunes 6 de julio de 2009

UNA CARTA SIN SELLO PARA CRÉMER



Revolví en la estantería del pequeño estudio, rodeado de los amigos de letras y pentagramas que participan de penas y alegrías; donde estás feliz en soledad buscada con cómplices de días contados. Aquella joya mía no tenía que estar enterrada entre otros muchos autores olvidados en las estanterías.

Y no fue necesario que transcurriera un tiempo ganado por compases de adagios de Beethoven para volverme a encontrar con el único libro de poesía –confieso- en el que me he recreado: “El cálido bullicio de la ceniza”.

Algún día de mil novecientos noventa me produjo un vuelco el corazón al encontrar en el buzón del portal un envío que remitía Victoriano Crémer. Fue la misma emoción (¿hoy está de moda este sentimiento o aún mal visto?) que me producían las direcciones y remites manuscritos de las cartas de amores juveniles. Y en la primera hoja de aquel, de este libro, la cariñosa dedicatoria del amigo.
Era un reto tener entre mis manos un libro de poesía del amigo; debía leerlo, disfrutarlo.

Lo ojeé y vi que el compendio de poesías iban dedicas a su mujer: “A Currra, muerta y resucitada todos los días”.
Y, hoy, los primeros versos de “El cálido bullicio de la ceniza” me trasladan al impacto que me produjo la noticia al enterarme de su muerte por un periódico nacional mientras solazaba sobre la arena en una playa asturiana.

“Ni siquiera adiós, esa calida voz que recogemos
de los abajos del alma.

De haber asistido a tu agonía
hubiera intentado hablarte o simplemente
prender en tu corona de muerto esa palabra,
esa calida voz: -¡Adiós! ¡Adiós!- repetida
como respuesta a tu mirada húmeda
de muerto con el agua al cuello, con el agua
hasta los ojos. –Nada puedo hacer por ti,
lo siento…!”


Tienes la sensación de morir también un poco.

Y vuelves a recorrer mentalmente aquellos espacios de antaño en este León compartido, vivido con los que han muerto. Con aquellos que comunicaron con Crémer en actividad periodística de esta ciudad provinciana que producía noticias y crónicas de aconteceres sin trascendencia que, sin embargo, constituían categoría en la vida cotidiana del paisanaje urbano y rural.

Pero vuelves a revivir leyendo más versos:

“Hubo un tiempo en el que los poetas
hablaban el lenguaje del pueblo (“¡esa entelequia!”),
y el pueblo se admiraba y conmovía
sintiéndose entendido y transferido
hasta que alguien gritó: -No es bueno
que el pueblo (“¡esa entelequia!”) tenga lenguaje propio,
es un peligro para las instituciones programadas.”

domingo 14 de junio de 2009

PARTICIPAR




Participar, avisar, anunciar, notificar, advertir, prevenir, significar, invitar, interesar, comunicar, dar parte, poner en antecedentes, dar aviso…

Con unas letras quiero hacer referencia a un grabado que tengo en mi refugio, en mi pequeño estudio donde suelo relajarme rodeado de algunos libros, viejos en años y ausentes de lectores; y de discos, fundamentalmente de los llamados clásicos.

Es una lámina que veo todos los días, pero a veces la miro; y me reconforta: Hay alguien más que se para a pensar.
Un grabado que me regaló y dedicó Toño Benavides en unas elecciones políticas pasadas, cuando años jóvenes te hacían más idealista y creías que podías aportar, contribuir, colaborar. ¿Los años te vuelven más escéptico o desconfiado? Alguien aportaría estudios concienzudos, datos estadísticos para apoyar o rebatir; no me interesan.

Mi padre me habló en muchas ocasiones de la “Universidad de la Vida”. Él, al que su profesión de periodista le proporcionó muchas relaciones sociales provincianas –se sentía orgulloso cuando me lo contaba-, le gustaba saludar y platicar con los barrenderos de su ciudad; y en aquellos años de mediados del siglo pasado, la referencia, el “coco” para el mal estudiante era terminar en aquella denostada profesión.
Esa misma Universidad me ha enseñado que en la “res pública” permanecen pocos inteligentes, bastantes listos y demasiados espabilados.

…yo solo quería PARTICIPAR con una imagen: Nada más; porque esta imagen, vale más que mil palabras.

jueves 11 de junio de 2009

Slow

Ya hay una nueva corriente, dicen moderna, que la sociedad comienza a valorar: Slow (tranquilo, sosegado, sereno) ¿Tienen que existir movimientos para que el humano “se apunte”? Parece que es preceptivo, que la moda impone, que se está al día.
Ha habido estos últimos años mucha prisa por llegar a poseer, ostentar, exhibir, exteriorizar… Competitividad, datos, objetivos, tendencias…
Y lo justificaban: “Los tiempos han cambiado”.


Una tarde sabatina de comienzos de primavera, de tiempo que invita a disfrutarlo rodeándote de naturaleza que comienza a despertar.
Me está llamando el espectáculo de La Sobarriba, el entorno paisajístico a la huerta de mi progenitor paterno.


Los perales están cuajados con flor; hay que segar el exceso de hierba en la huerta; la noria con bastante agua augura un verano sin graves problemas para el riego.
Al lado, casi irreconocible, el camino de tierra que transitaban antaño las vacas tirando del carro en transporte de mies recién segada y en el que sus ruedas habían marcado surcos duros y secos en el verano, que se convertían en regueras en el otoño-invierno.


El trigo y la cebada ya proporcionan un espléndido color verde a las tierras ocres y grisáceas que las habían adornado los meses pasados.


Hasta los robles dejan ver en sus ramas los primerizos brotes de nueva vida.

Sosiego, placidez, tranquilidad.

Los días se agrandan en horas de luz, aunque la tarde ya está avanzada.


Y caminas paseando; te detienes ante un cardo, ante una “escoba” con sus ramas repletas de una flor de un amarillo intenso.
Y, algo distanciado, rompiendo el horizonte de la tarde, un árbol de formas naturales y seductoras.


Más colores, más formas en nubes que alardean en esta hora con diferentes figuras a las que contribuye un sol en declive.
Desde la era, en la lejanía, observo la cadena de montañas de siempre, hoy con retazos de nieve aún sobre el gris de la roca…


¿Slow?

miércoles 10 de junio de 2009

Muchas horas contadas.




Tener necesidad de expresarte, de contar cosas y enfrentarte a un folio en blanco, a la pantalla del ordenador, angustia.

Sin embargo reconforta, tranquiliza y valoras el tiempo y la soledad buscada mientras utilizas algo de lo más preciado en el hombre: La imaginación. Y pones una palabra tras otra, mientras te acompañan los compases de algún compositor ruso o centroeuropeo.
Recuerdas otros tiempos con memoria afectiva.

Evocas aquél salón en casa de la abuela, zona de paso y partidas de julepe en una gran mesa camilla con hogareño brasero en invierno, tapete y ceniceros que sus hijos se encargaban de atiborrar de colillas de cigarrillos, de tabaco de picadura, confeccionados primorosamente a mano. Aquella habitación de vivienda de capellanía incrustada en el enorme edificio del Hospicio, refugio obligado de un batallón de rapaces al cuidado de monjas con unas grandes cofias almidonadas.
Chavales con una infancia en comunidad obligada por vergüenzas sociales, perdonadas al haberles depositado en un torno hospiciano y discreto, que les había servido por unos instantes de cuna en el traspaso a las manos de alguna religiosa de turno.

En aquella estancia, colgado de una de sus paredes, un gran cuadro de la Familia Sagrada era el testigo de los innumerables nietos que visitaban con frecuencia a la abuela y al tío cura.
Y al lado de aquella pintura, el reloj que, en los silencios del cuarto, dejaba oír los segundos que marcaba el pequeño péndulo; y su carillón, que era cantarín y ágil anunciando las horas. Siempre, su última campanada dejaba suspendida durante unos segundos una resonancia en el ambiente que me envolvía.
Su mecánica, perfecta; sin embargo -me lo parecía- los tonos me sonaban distintos en verano, más alegres y ligeros, que en invierno, en el que sentía un ritmo más grave y lento.
Y las incrustaciones que adornaban el entorno de la esfera me recordaban los diferentes colores de los envoltorios de los caramelos con que nos obsequiaba el tío cura; en algunas ocasiones, aquellos embalajes no lograban impedir que restos de picadura de tabaco se unieran al dulce con el que habían compartido espacio en el bolso de su sotana.

Hoy, en una salita de caserón antiguo, este reloj continúa vivo, con más silencios, mimado por las manos de una hija de la abuela.

domingo 12 de abril de 2009

10 de Abril de 2009




Es tarde fría de mi Viernes Santo. He procesionado a cara descubierta, contracorriente de gentes que se agolpan para ver el espectáculo de papones con túnicas de terciopelo rojo y capas de raso de las que cuelgan grandes medallones bordados que advierten de su cofradía, de su tribu.

Me molesta ya tanto “porrompompon” y “tarari tití”, que me engancho al iPod donde tengo enlatadas innumerables corales de Bach.

Pero tengo que esperar al sábado para perderme por calles desiertas que ayer rezumaban bullicio urbano y rural; también del alboroto de cofrades forasteros -muchos antisistema- de un “Genarín” prostituido con imitación de procesión religiosa y disculpa para terminar al alba impregnados de alcohol.

Dudo continuar poniendo una palabra tras otra…

¿Quieres acompañarme?...

jueves 9 de abril de 2009

Yo también firmo.





Un buen amigo me ha remitido a:









ANTE LA CRISIS ECLESIAL

Somos conscientes de que este escrito es un procedimiento extraordinario, pero nos parece que también es extraordinaria la causa que lo motiva: la pérdida de credibilidad de la institución católica que, en buena parte, es justificada y que los medios de comunicación han convertido ya en oficial, está alcanzando cotas preocupantes. Este descrédito puede servir de excusa a muchos que no quieren creer, pero es también causa de dolor y desconcierto para muchos creyentes. A ellos nos dirigimos principalmente.

1.- La Iglesia fue definida desde antiguo como santa y pecadora, “casta prostituta”. Crisis graves no han faltado nunca en su historia, y la actual puede dolernos pero no sorprendernos. Toda crisis es siempre una oportunidad de crecimiento, si sabemos en estos momentos “no avergonzarnos del Evangelio” y amar a nuestra madre. Sabiendo que el amor a una madre enferma no consiste en negar o disimular su enfermedad sino en sufrir con ella y por ella. Si deseamos una Iglesia mejor no es para militar en el club de los mejores, sino porque el evangelio de Dios en Jesucristo se la merece.

2.- No hay aquí espacio para largos análisis, pero parece claro que la causa principal de la crisis es la infidelidad al Vaticano II y el miedo ante las reformas que exigía a la Iglesia. Ya durante el Concilio se hicieron durísimas críticas a la curia romana. Más tarde Pablo VI intentó poner en marcha una reforma de esa curia, que ésta misma bloqueó. Es muy fácil después convertir a un papa concreto en cabeza de turco de los fallos de la Curia. Por eso preferimos expresar desde aquí nuestra solidaridad con Benedicto XVI, a nivel personal y a pesar de las diferencias que puedan existir a niveles ideológicos: porque sabemos que los papas no son más que pobres hombres como todos nosotros, que no deben ser divinizados. Y que si algún error grave se cometió en todos los pontificados anteriores fue precisamente el dejar bloqueada esa urgente reforma del entorno papal.

3.- Una de las consecuencias de ese bloqueo es el injusto poder de la curia romana sobre el colegio episcopal, que deriva en una serie de nombramientos de obispos al margen de las iglesias locales, y que busca no los pastores que cada iglesia necesita, sino peones fieles que defiendan los intereses del poder central y no los del pueblo de Dios. Ello tiene dos consecuencias cada vez más perceptibles: una es la doble actitud de mano tendida hacia posturas lindantes con la extrema derecha autoritaria (aunque sean infieles al evangelio e incluso ateas), y de golpes inmisericordes contra todas las posturas afines a la libertad evangélica, a la fraternidad cristiana y a la igualdad entre todos los hijos e hijas de Dios, tan clamorosamente negada hoy. Otra consecuencia es la incapacidad para escuchar, que hace que la institución esté cometiendo ridículos mayores que los del caso Galileo (pues éste, aunque tenía razón en su intuición sobre el movimiento de los astros, no la tenía en sus argumentos; mientras que hoy la ciencia parece suministrar datos que la Curia prefiere desconocer: por ejemplo en problemas referentes al inicio y al fin de la vida). La proclamada síntesis entre fe y razón se ve así puesta en entredicho.

4.- Pero más allá de los diagnósticos, quisiéramos ayudar a actitudes de fe animosa y paciente para estas horas negras del catolicismo romano. Dios es más grande que la institución eclesial, y la alegría que brota del Evangelio capacita hasta para cargar con esos pesos muertos. No vamos a romper con la Iglesia, ni aunque hayamos de soportar las iras de parte de su jerarquía. Pero tememos la lección que nos dejó la historia: las dos veces en que el clamor por una reforma de la Iglesia fue universal y desoído por Roma, están relacionadas con las dos grandes rupturas del cristianismo: la de Focio y la de Lutero. Ello no significa que la ruptura fuese legítima: sólo queremos decir que no pueden tensarse las cuerdas demasiado. Tampoco vamos a romper, porque la Iglesia a la que amamos es mucho más que la curia romana: sabemos bien que apenas hay infiernos en esta tierra donde no destaque la presencia callada de misioneros, o de cristianos que dan al mundo el verdadero rostro de la Iglesia.

5.- Durante gran parte de su historia, la Iglesia fue una plataforma de palabra libre. Hoy nadie creerá que un santo tan amable como Antonio de Padua pudiera predicar públicamente que mientras Cristo había dicho “apacienta mis ovejas”, los obispos de su época se dedicaban a ordeñarlas o trasquilarlas. Ni que el místico san Bernardo escribiera al papa que no parecía sucesor de Pedro sino de Constantino, para seguir peguntando: “¿hacían eso san Pedro o San Pablo? Pero ya ves cómo se pone a hervir el celo de los eclesiásticos para defender su dignidad”. Y terminar diciendo: “se indignan contra mí y me mandan cerrar la boca diciendo que un monje no tiene por qué juzgar a los obispos. Más preferiría cerrar los ojos para no ver lo que veo”... Precisamente comentando este tipo de palabras, escribía en 1962 el papa actual (en un artículo titulado “libertad de espíritu y obediencia”): “¿es señal de que han mejorado los tiempos si los teólogos de hoy no se atreven a hablar de esa forma? ¿O es una señal de que ha disminuido el amor, que se ha vuelto apático y ya no se atreve a correr el riesgo del dolor por la amada y para ella?”. Así quisiéramos hablar: no nos sentimos superiores, pues conocemos bien, en nosotros mismos, cuál es la hondura del pecado humano. La Escritura, hablando de los grandes profetas, enseña que su destino no es el protagonismo sino la incomprensión; y ante eso nos obligan las palabras del apóstol Pablo: “si nos ultrajan bendeciremos, si nos persiguen aguantaremos, si nos difaman rogaremos”. Pero nos sentimos llamados a gritar porque también hay allí una imprecación impresionante que tememos tenga aplicación a nuestro momento actual: “¡por vuestra causa es blasfemado el nombre de Dios entre las gentes!”. “Fijos los ojos en Jesús, autor y consumador de la fe” sabemos que podemos superar estos momentos duros sin perder la paciencia ni el buen humor ni el amor hacia todos, incluidos aquellos cuyo gobierno pastoral nos sentimos obligados a criticar. Este es el testimonio que quisiéramos dar con estas líneas.


...y yo tambien firmo.