
“Pan y circo”, le contestaba entre escéptico y cabreado a un amigo, “y he perdido la fe”.
“O sea, que te has hecho agnóstico, ateo”, me respondió.
A lo que, empleando la ironía, le recité la definición del catecismo del Padre Astete: “La fe es creer aquello que no vimos” y mi ateismo viene dado por lo contrario, por comprobar que es un error lo que creía.
Confías tu deseo político-social, tu voto en personas que deciden por ti y marcan las normas de convivencia; pero compruebas que invocan al pragmatismo político para demostrarte el poder que les has conferido. Primero ese Poder lo asientan personalmente y exhiben, y a continuación aplican el catecismo de Maquiavelo intentando vender que cualquier medio que se utilice está justificado si se llega a conseguir su objetivo -no el tuyo- final: continuar.
Y no importan ni vidas, ni haciendas, ni conciencias.
Y ejecutan, dan pábulo y apoyan más “Pan y circo”.
Y siembran migajas entre los escasos administrando el “tírame pan y llámame perro”.
Y conjugan escrúpulos crematísticos con clérigos que alardean de enfrentamiento con el Poder por la moral y las buenas costumbres.
Y pactan por debajo del tapete componendas con adversarios para que no creen alarma social.
Y forman piña entre ellos tapándose las vergüenzas y enalteciendo logros.
Y manipulan.
Y conceptúan a sus ¿lacayos o administrados? como tontos, con falta de criterio para comprender sus desvelos y acciones encaminadas a conservar la suprema patria y socorrer con agasajos a los humildes.
Y no hay color, no hay colores: amarillo, rojo, azul, verde… “Todos a una…”


.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)



